domingo, 8 de mayo de 2011

Arabesque Noir - Parte 1ª

Continuación
   Es de noche. El frío es poco habitual en julio pero aquel verano estaba siendo anómalamente fresco. Unos tacones se acercan desde la lejanía a una oscura figura que se revuelve en la sombra.
-Te dije que te abrigaras- Grita la joven.
-No me acostumbro a este frío, no es natural.
-Dime que es completamente necesario lo que voy a hacer.
-Preciosa, ya te dije que te necesitaba dentro para poder investigar este local.
- No me llames preciosa. Parezco toda una furcia con todo esto encima. O mejor dicho, con lo poco que llevo encima.
-Concéntrate. El prefecto de policía quiere que esto sea discreto y sobretodo seguro. No está bien visto que los policías usen a civiles para investigar.
-Un día soy actriz en un teatro de mala muerte en el peor barrio de París y al siguiente estoy colaborando con la policía.
-Chssst, calla. Estamos cerca.
Un sutil cartel repleto de bombillas tintadas en blanco magnificaba el nombre del local: Arabesque Noir. Una mujer vestida de can can daba la bienvenida a la joven y al policía una vez dentro del vestíbulo.
-Monsieur Lemoine, el señor Moreau le espera en su despacho. Si son tan amables de seguirme.
   Los tacones de la mujer resuenan en el suelo firmemente, con brío. Por el camino hacia el despacho, la joven queda maravillada ante la exquisita decoración del local: exóticos motivos árabes cubren todos los rincones. De entre las paredes se cuela una música oriental y un suave tintineo metálico provenientes de una sala contigua.
-Aquí se baila la danza del vientre. Es una de las mayores atracciones fetichistas del local. –Le comenta por lo bajini Lemoine.
La mujer se detiene ante una enorme puerta sin decorar, con una vidriera de cristal, y la abre mientras hace gestos de que entren. Cuando al fin los dos se encuentran en el amplio despacho, la mujer cierra la puerta y se escucha como sus tacones se alejan a sus espaldas de vuelta al vestíbulo.
-Señor Lemoine - Dice un hombre alto que está preparando un brandy con hielo en una esquina del despacho- cuando me dijo que me traería una espléndida jovencita con la que agasajar a mis clientes, en un principio pensé que me estafarías, como suelen hacer el atajo de malparidos que trabajan para mí. Pero -Echa otro cubito de hielo que rebota  y gira irregularmente dentro del vaso- le di un voto de confianza por eso de ser un policía. Al fin y al cabo, vosotros desmanteláis muchos locales de dudosa reputación y bueno,- Da un sorbo y se gira al fin hacia los dos con una sonrisa de satisfacción- en alguno tendría de haber alguna belleza exótica.
-De eso quería hablarle señor Moreau.-Lemoine se quita el sombrero y lo estruja nerviosamente entre sus manos- Pensé que algo exento de ese exotismo del que hace gala el local sería lo que realmente estaba buscando. Esta mujer, con rasgos europeos, vestida de árabe y bailando la danza del vientre, podría llamar la atención de una manera más…-Sus nervios son latentes en los balbuceos. Moreau lo mira con una ceja arqueada mientras da otro sorbo a su brandy-  podría resultar más… esto… sugerente a los clientes. Más llamativa por el… esto… contraste- La expresión de Lemoine es cansada del esfuerzo, casi interrogante.
-¿Lo has pensado antes o después de no encontrar a una chica morena como me prometiste?
Moreau se echa a reír y Lemoine le sigue la corriente tras unos breves momentos de indecisión tensa.
-Tú, acércate.
   Lemoine ve alejarse de su lado a la joven actriz. La ve encaminarse directa al infierno, que esperaban los dos que fuera rápido y poco degradante.
-A ver.-Dice mientras se sienta en una esquina del enorme escritorio- Gírate lentamente para que pueda apreciarte, preciosa.
Son unos momentos realmente duros para la joven. Se siente como una mercancía, como un jarrón de barro haciéndose en el torno, dando vueltas esperando la aprobación de aquel hombre que la devora con la mirada de sorbo en sorbo de brandy.
-Veremos que tal queda como dices Lemoine. -Se vuelve a dar la vuelta para dejar el vaso vacío, con los titilantes cubitos de hielo girando en su interior. Se inclina un momento para abrir un cajón del escritorio.-Ahí está el pago.-Lanza una sugerente bolsa repleta de dinero sobre la mesa.- Ahora, si no va a disfrutar de mi hospitalidad, le ruego que se marche. A algunos clientes les incomoda la presencia de la policía.-Dice mientras se sienta, se pone unas gafas de lectura y comienza a ojear unos papeles con cifras que saca de otro cajón del escritorio.
-Faltaría más señor Moreau. Pero déjeme primero que disfrute de ella una última vez. ¿No me cobrará verdad?- Moreau le mira con una sonrisa difícil de describir entre la cortesía y el aborrecimiento, como una sonrisa que se desdibuja hasta llegar a una amarga mueca que Lemoine no llega a apreciar porque ya está cruzando la puerta junto con la joven.
-Ya sabes dónde están las habitaciones.- Le dice otra vez mirando a los papeles, justo en el preciso momento en que Lemoine le vuelve a mirar para asentir tímidamente y cerrar la puerta del despacho con suavidad.
   Minutos después, los dos vuelven a estar a solas en una de las habitaciones lúgubres y depravantes del Arabesque Noir.
-Bueno, ya sabes lo que tienes que hacer.
-Todavía no lo entiendo. Lo has visto con una botella de brandy, brindando a nuestra salud, violando la ley seca y riéndose de ti, un policía que no lo puede detener.
-Cree que somos amigos. No puedo romper esa falsa ilusión por una simple botella. -Se sienta y comienza a fumar mientras observa a la joven andar de un lado para otro.- Me ha costado mucho que confíe en mí. Ven. ¡Ven!-Le hace un gesto de querer cogerle la mano. Ella se para, lo mira y accede. Con el cigarro humeando en su boca le coge las dos manos a la joven- Te contaré porqué es importante esto. Él es un hombre de negocios y mueve mucho dinero. Tiene el suficiente como para permitirse reírse de un policía y brindar a su salud. Puede comprar al abogado del diablo.
-Lemoine, si tan poderoso es, -Le interrumpe- ¿qué diablos hago yo aquí? ¿Qué aporta el testimonio de una pobre prostituta ante un jurado vendido?
-Calla preciosa. Mira, es muy simple.- La mirada de Lemoine era protectoramente tierna- No lo podrá comprar si las pruebas son tangibles. Debes averiguar dónde guarda el alcohol que vende y a quién se lo compra. Sólo así podremos detenerlo y juzgarlo ¿entiendes?
   La mujer comienza a respirar fuertemente mientras mira al vacío. Se está mentalizando para dejar de ser ella, para perder su dignidad. Rendirse al mal menor. Al fin vuelve a mirar a Lemoine.
-¿Me prometes que mi hijo se curará si encarcelo a ese cabrón?
-De eso se trata preciosa. Por eso estás aquí.

1 comentario:

  1. Lo prometido es deuda y ya pasé por aquí. Curioso el ambiente, con todo lo que te metes conmigo por mi amor a lo gabacho :P
    En el fondo eres un blando irredento.

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