Continuación
La música ahora es una sutil arabesca de piano y violín. El local ofrece música en directo ciertos días a la semana. Hoy es uno de esos días. Han pasado dos meses y la joven se ha convertido en la estrella del local. Su belleza es simplemente sobrecogedora, tierna, sublime. Ella está en una mesa con un hombre, ganándose su sueldo de espía. Sobre la mesa, un cigarro se ahoga presa de la indiferencia.-Debes de estar cansada de que todo el mundo te pregunte qué haces aquí ¿no?- El hombre agota su vaso de whiskey.
-Son gajes del oficio.- Ella no le mira, se hace la interesante- Si preguntar te hace feliz,- Lo mira fugazmente a los ojos y vuelve a pasar de él- pregunta. Para eso me pagas.
Ella rescata el cigarro de su letargo y con una simple calada lo termina de apagar.
-Permíteme darte fuego preciosa.
El hombre saca un zippo de platino con símbolos exóticos.
-Gracias.
El aire se volvió a llenar de mortífero humo de tabaco, expulsado ahora por la joven.
- Y dime, ¿a qué te dedicas?
La mujer lo mira con una excitante indiferencia, como pasando de él e interesándose al mismo tiempo. El hombre se acerca a ella y le hace un gesto para que se acerque también.
-Soy policía.
-¿De verdad?- Ahora se mostraba interesada realmente. Están muy cerca, cara a cara, casi rozándose.
-No, soy un ladrón.- De repente la agarra con las dos manos de la cabeza y le besa enérgicamente. Después se echa a reír.- ¡Camarera, un par de whiskeys!- Grita a una mujer vestida de bailarina del vientre que pasaba cerca de la mesa. Ella asiente y rápidamente se dirige a la barra.
La joven se traga su orgullo. Recuerda porqué está haciendo esto y sonríe forzadamente.
-Lo que te haga feliz- Murmura mientras se reclina otra vez en su asiento con una vidriosa mirada.
Ajenos a todo esto los músicos terminan su actuación y se retiran a un rincón de la sala.
-¿Crees que esto está dando resultado?- Le comenta el violinista en inglés al pianista.
-Sinceramente, no lo sé- El pianista da una prominente calada a su cigarro.
-¡Eh! ¡Vosotros!- Les llama la atención el barman con marcadísimo acento parisino- ¡Nada de idiomas raros!
-¡Oh, lo siento…emm… sentimos… mucho monsieur! Mi amigo y yo comentábamos sobre la improvisación y bueno esto… nuestro francés es… muy… limita… limitado, oui, como para traducir los… ¿conceptos? musicales.
-Pues nada de inglés. Viene en el contrato bien explicado. Ya hablareis en vuestro estirado idioma cuando no trabajéis aquí.
Los músicos se miran. El pianista le hace una seña y sonríe.
-Primero, sonríe.- Dice en inglés e inmediatamente la expresión del violinista se vuelve risueña, como si le estuviera comentando algo gracioso- Hablaremos en clave a través del cifrado americano, como en Moscú. Ahora riámonos.
Y los dos comienzan a reír a carcajadas. El barman los mira con cierto desprecio y musita “Malditos putos americanos”.
Lemoine entra por la puerta y el hombre que acompaña a la joven, al verlo, se escabulle.
-Cariño, he de ir un momento al servicio. No te muevas.
Ella se percata de que la presencia de Lemoine pone nervioso a su acompañante, pero no se atreve a preguntar. Se limita a asentir y a reclinarse en el asiento. Lemoine tarda unos instantes en darse cuenta de dónde está la joven y avanza a duras penas entre las mesas llenas de gente que repletan el local. Antes de nada, Lemoine se quita el sombrero y lo deja encima de la mesa sin soltarlo. Parece inquieto.
-Preciosa, tenemos que hablar. Es urgente.- Su cara expresa preocupación y estrés. Generosas gotas de sudor resbalan sobre su frente. Al percatarse, saca un pañuelo de un bolsillo interior de su gabardina y se seca.
-Me tenías preocupado Lemoine. Han pasado dos semanas desde la última vez que te vi.
Los ojos de Lemoine buscan entre la multitud.
-Estamos en peligro. No sé cómo, no sé quién, ha contratado a un asesino para darnos caza.
-Pero… ¿qué?- Ella se acerca por encima de la mesa, con insólito asombro, al derrumbado Lemoine, que permanece ahora con una mano en la frente y moviendo la cabeza de un lado a otro, como intentando asimilar todo esto.
-No puede ser…-Se lamenta Lemoine.
El violinista falla en la resolución de una séptima.
-¡Claire!- Alza una mano la joven- ¿Le puedes traer un vaso de agua fría a Limoine?- La camarera asienta. Limoine sigue mirando entre sus dedos al sombrero que agarra firmemente sobre la mesa. Sus tendones están tensos.-Gracias cariño- Le dice gentilmente a la camarera que responde con una generosa sonrisa, ajena a lo que ocurre- Bebe un poco, tranquilízate- Le coge la mano del sombrero y nota como se destensa. Con la otra le levanta la barbilla y le obliga a mirarle a los ojos.- ¿Qué hacemos?
El pianista falla la resolución de una sexta aumentada alemana.
-No lo sé.-Mira un momento a la joven y al instante vuelve a negar nerviosamente con la cabeza.- No lo sé, Nadine. Cuando me lo ha dicho el prefecto de policía hace apenas unas horas… que se comentaba en los barrios marginales que… que se ofrecía una recompensa por nuestras cabezas, -La vuelve a mirar con una expresión de pena, de pesimismo. Traga un poco de agua- solo se me ha ocurrido ir a recoger a tu hijo del hospital y dejarlo en un lugar seguro, en la casa del prefecto y… bueno venir aquí a por ti para volver…
En ese momento la camarera aparece con dos whiskeys.
-No sabía si traerlos, como el hombre que los ha pedido se ha ido…
Lemoine mira fijamente a Nadine.
-¿Cómo que se ha ido?- Pregunta alterado- Nadine, ¿cuándo?
-Justo al verte.- Lemoine se levanta y comienza a buscar alrededor, a girar sobre sí mismo, como intentando ver algo sospechoso en el local.
-¿Pasa algo Nadine?- Pregunta preocupada la camarera
-¿Por qué no me lo has dicho?- Se reclina Lemoine sobre Nadine, apoyando el peso del cuerpo sobre sus brazos encima de la mesa, con una mezcla de enfado y temor, temblando.
-Pensé que era uno de los delincuentes a los que incomodas cuando vienes. Todo el mundo sabe aquí que eres policía.- Lemoine vuelve a analizar el local en busca de sospechosos.- Además, no parecía…- Mira a la camarera, piensa un poco, espira- nadie peligroso.
-¿Nadine…?-Insiste la camarera ahora realmente preocupada.
-No pasa nada Claire, de verdad.- Nadine sonríe hipócritamente de manera magistral.-¡Vete o Simeon te regañará por no atender las mesas!- Le dice con tono alegre.
-Por dónde se ha ido. Y hace cuánto.
-Desde que has llegado. Creo que dijo que… al servicio.
-Mira,- Saca un papel y una estilográfica y escribe una dirección.- Si no vuelvo en cinco minutos, vete a casa del prefecto. Toma, aquí tienes dinero de sobra para un taxi. No te fíes de nadie.
En un segundo, Lemoine coge su sombrero y se dirige velozmente hacia el servicio. Nadine hace un gesto como de querer retenerlo, pero queda con los brazos en alto.
-Lemoine…-Murmura ahogadamente.
Bajo su gabardina, Lemoine agarra con firmeza su revólver. Entre aplausos los músicos acaban su improvisación.
-Emm, Simeon, -Se dirige el violinista al barman- iré un momento al… excusado- Le dice mientras señala en dirección al servicio.
-Pero vuelve pronto, maldito holgazán.-Le regaña- Putos americanos. Se creen los amos del mundo.- Dice mientras seca un vaso con un mugriento paño, al mismo tiempo que el pianista comienza a improvisar.
Lemoine entra en el servicio de caballeros y se encuentra al hombre del encendedor fumando, mirando por la ventana.
-Tú, date la vuelta.- El hombre ni se inmuta. Sigue fumando y mirando por la ventana-Venga, ¿eras el que estaba con Nadine?. –Al fin, tras una calada profunda, tira el cigarro por la ventana. Se dirige a Limoine observando por la ventana.
-Tranquilo Limoine, soy yo.
Lemoine deja de apretar su revólver. Esa voz familiar lo tranquiliza.
-Creía que era el asesino. -Avanza lentamente hasta ponerse al lado del hombre.
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